Mostrando entradas con la etiqueta vida contemplativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida contemplativa. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de julio de 2014

CONOCERSE ASI MISMO



La crisis de la mitad de la vida nos coloca ante la exigencia del autoconocimiento que a la vez sería una ayuda para superar la crisis. La gracia de Dios que ha establecido en nuestra cabeza el hasta ahora actual edificio de pensar y de vivir, nos ofrece también la ocasión de conocernos a nosotros no sólo externamente sino en el fondo de nuestra alma, donde nuestro ser intimo está escondido.
El camino del autoconocimiento está, para Tauler, en la marcha al interior, la vuelta al propio fondo del alma. El conocimiento de sí mismo es por lo pronto doloroso porque descubre implacablemente lo que en el interior hay escindido de oscuridad y maldad, cobardía y falsedad.
Debemos dejarnos sacudir por el Espíritu de Dios para penetrar en nuestro fondo, para sumergirnos en nuestra propia verdad. Debemos tranquilamente dejar demoler nuestra autosatisfacción y autojustificación y entregarnos a la acción que Dios realiza en esta nuestra apretura:
«Querido: ¡Abísmate, abísmate en el fondo, en tu nada y deja caer sobre ti la torre (de la catedral de la autocomplacencia y de la autojustificación) con todos sus pisos! ¡Deja que vengan a ti todos los demonios que hay en el infierno! ¡Cielo y tierra con todas sus criaturas te servirán maravillosamente! ¡Abísmate solamente! Será para ti lo mejor.»
Es animoso lo que Tauler nos dice. Hasta los demonios del infierno se deben dejar venir con la confianza de que Dios nos conduce a través de la apretura.
El conocimiento de sí mismo lo pone en marcha el Espíritu Santo. Sin embargo, el hombre tiene que colaborar.

“La mitad de la vida como tarea espiritual. La crisis de los 40-50 años”
Escrito por Anselm Grün, Carlos (trad.) Castro Cubells, Anselm Grün

martes, 1 de julio de 2014

HABITARÉ SIEMPRE EN TU MORADA (Salmo 60)




Hay muchos espacios. Existe el espacio físico, el espacio social, el espacio ideológico, el espacio artístico… Y otros más: el mar, el cielo, la llanura, el valle, la sierra. Todavía se puede hallar el espacio espiritual, un espacio silencioso. Es el silencio un lugar para encontrarse, descansar, recobrarse, amar, crecer.

El espacio silencioso no necesita decoración alguna, ningún adorno, ni alfombras, ni murales, ni biblioteca, ni chimenea, ni muebles. No es para contemplar, sino para albergar otra presencia, acaso imprevisible.

Este albergue es el silencio, un silencio que surge al poner fin a todas las voces de fuera, de las zonas más superficiales. Porque el silencio no es lo que se toca o se ve, no entra por los sentidos, sino que es el espacio donde la presencia se muestra y se hace evidente.

En el silencio lo visible se disipa y lo invisible puede volverse visible. Es un espacio, el silencio, donde amanecen huellas de la presencia íntima.

El silencio hace del corazón un lugar de revelación, no del entorno que nos circunda, sino del mundo que se aloja dentro. Es la explosión de lo oculto, de lo hospedado en la interioridad, es el descubrimiento, la reconquista de lo que ya va con nosotros.

Al alejarnos del exterior recobramos la mirada primitiva, la mirada original de nuestro corazón, los ojos del hijo que somos, del amor que nos da a luz.

Es el silencio una morada sin desechos, sin memoria, sin residuos. Por eso el silencio nos regala una coherente unidad de visión. En ese espacio, uno no se siente configurado por la exterioridad.

El que mora en el silencio se vive a sí mismo sin reservas y serenamente, pues todo lo serena el silencio. Serena la noche y el día, serena la aurora y el atardecer, serena las horas oscuras, las horas de luz y de bochorno. El silencio nos trae la paz y deja emerger la inocencia y la plenitud. Apenas he de decir que jamás la vida se siente tan rimada, tan pura, tan sosegada, tan clara, como las horas calladas, como en la morada del silencio.



José Fernández Moratiel, O.P.

domingo, 1 de junio de 2014

LA PROFUNDIDAD DEL DESEO

  




San Bernardo hace mucho hincapié en lo que dice la esposa en el Cantar de los Cantares:  “Vuelve”. El amado vino a visitarla y ahora la ha abandonado. Esto es lo que ella no sabe resolver. Pero hace falta precisar la naturaleza de estas idas y venidas del esposo antes de descifrar su razón de ser. El lenguaje de la escritura es simbólico y hay que interpretarlo simbólicamente. Es evidente que Cristo Resucitado no pertenece al tiempo ni al espacio, por tanto su acercamiento o alejamiento del alma solamente se realiza en la experiencia del alma y no por un movimiento del Verbo.
        Por ejemplo, cuando ella  percibe la gracia, reconoce su presencia. Si no es así, ella se queja de su ausencia y reclama de nuevo su Presencia como la llamada del profeta: “Mi rostro te busca; tu rostro, Señor yo buscaré” (Sal27, 8) Ella no tiene más que una pasión: “En la ausencia del Verbo se eleva un solo y único grito del alma, sin fin, el de un deseo continuo: un único y continuo :”vuelve”, hasta que Él vuelva.”. (1Co 11, 26).
        Todavía falta precisar el alma que se agita, dicho de otro modo, quién es la esposa. “Un alma que el Verbo visita frecuentemente y en cuya intimidad habrá suscitado una audacia, en la que el gusto le habrá suscitado el hambre, en la que la revitalización de todas las cosas habrá preparado  una disponibilidad contemplativa.”
        La esposa del Cántico simboliza, para nuestros tres autores, efectivamente, aquella alma que se admira de lejos y que desea.
        Aunque nosotros no podemos reconocernos en ella, sí podemos, al menos, encontrar en ella una llamada y una promesa. Y subjetivamente, una nostalgia que se transforma en aspiración. En este sentido podemos ahora retomar el grito de la esposa, sin pretender compararnos a su fervor.
        Por otro lado, puesto que el Resucitado, lo hemos visto, no se sujeta ni al espacio ni al tiempo, todo lo ha hecho libremente, en virtud de su voluntad, Él se aproxima o se aleja; solo nos va a ser revelado su amor.
        San Bernardo cree que si el Amado se retira puede  estar llamándola con un deseo más vivo y le quiera retener más fuertemente.
        Sirven de ejemplo estos dos episodios del Evangelio: el de los peregrinos de Emaús, a los que Jesús hace caminar hasta lejos para que le digan: “Quédate con nosotros,  que la tarde está cayendo” (Lc 24, 28); y el episodio en el que Jesús anda sobre las  aguas e increpa a los vientos y las aguas, no porque tuviese la intención de asustarles, sino para probar su fe y suscitar su oración.
        Como consecuencia, si Él pasa, es para que le deseen, y si Él se va es para que le llamen, porque el verbo no es irrevocable.
        Y el autor hace esta anotación esencial : Retirarse supone para él una cierta manera de dispensarse, perfectamente libre por su parte. Pero sólo él sabe la razón. De esto último se concluye que estamos ante un misterio, que pide de nosotros confianza y discreción. No tenemos que interpretar el alejamiento del Verbo como necesariamente una falta por nuestra parte o un castigo por la suya, ni su presencia como un efecto de nuestro fervor.
        Las palabras escatológicas de Jesús en San Juan son tomadas como prueba: Un poco y no me veréis y un poco más tarde me volveréis a ver”(Jn 16,16). A estas palabras contesta San Bernardo: “Oh! Hay brevedad y brevedad y solo algo más de tiempo que dura. ¡Ah Señor! Tu llamas breve al tiempo en que no te vamos a ver más; no, es un tiempo muy largo, infinitamente más largo!
        En realidad las dos cosas son verdad: es poco el tiempo, pero de acuerdo al deseo de la esposa , es mucho. La esposa está en una situación de tensión paradójica. “Si él se retrasa, espérale, pues no tardará”.
        ¿Estará el alma dividida en ella misma y paralizada en esta contradicción? No, el autor nos ha conducido hasta esta aparente contradicción para proclamar mejor el deseo contemplativo que revela la verdadera paradoja de la esposa en su deseo apasionado.
        Gilbert de Hoyland está en una situación más crítica porque la esposa, con el pretexto de haberse quitado la túnica  y haberse lavado los pies, ha tardado en abrir al Amado que llama a la puerta; le ha tocado la mano por el agujero de la cerradura,. Pero cuando se decide a abrir, Él ya ha pasado, desaparecido. La esposa dirá: “Estoy enferma de amor hasta que él vuelva”. Esto nos conduce, más que al comportamiento de la amada, al del Esposo:
     ¿Por qué te vas, buen Jesús? ¿por qué desapareces. ¿ Por qué eres Tú el que suscita ese deseo y Tú el que privas de esa presencia?
        El autor sugiere más tarde respuestas a estas preguntas. Será que de este modo Tú suscitas una codicia, un deseo más ardiente, el de la abundancia de tu presencia. “ Si,  así es. Esas astucias del amor inflaman el amor mismo, y, a través de la aparente decepción le llevan a su plenitud.”
        Gilbert elige los episodios de las apariciones del Resucitado, en las que se puede ver su aspecto breve y fugitivo: “Apenas algunos le reconocieron, Él desapareció”. También se menciona otra característica de estas apariciones: su trascendencia, la manera en que ellas se escapan a todo lo que la experiencia humana está habituada.
        Sin embargo resaltamos la entrada del Resucitado cuando estaban todas las puertas cerradas (Jn 20, 19) “De hecho, la puerta se abrió para Él, pero estaba cerrada para todo lo demás.” En este deseo concentrado y casi exclusivo, condición de la contemplación, se encuentra lo que hemos visto en San Bernardo de la pasión que caracteriza el deseo de la esposa.
        Jean de Ford recuerda: “Las voces del Señor son imposibles se escrutar.”(Rom11, 33), que es otra forma de decir, a propósito de las idas y venidas, ausencias y presencias del Señor, que se trata de un misterio y una forma de actuar del bienaventurado designio de Dios. Por consecuencia, no es vano, ni por azar, que el Bien Amado se vaya lejos y desaparezca. “No se aleja sin un proyecto para ella ni sin la idea de darle algún fruto por su largo viaje. He aquí porque tarda; ella debe esperar pacientemente”.
        El autor distingue entre las desapariciones de Jesús y las ausencias más largas. Las primeras son secretas y breves, con el fin de volver pronto. Se cumple eso que dijo Jesús a sus discípulos: ”Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de un poco me volveréis a ver”(Jn 16,16). Se refiere su propia pasión y muerte y a la gracia aportada por esa desaparición, que es la gracia de la resurrección del Señor y las apariciones del Resucitado.
        Pero luego hay una partida más lejana, en la que el autor ve el anuncio de estas palabras de Jesús: “En verdad os digo: os conviene que yo me vaya, porque si me voy, el Espíritu Santo vendrá a vosotros. Yo os lo enviaré.”(Jn16, 7). Desde entonces el Resucitado ya no está en la Creación. Y su partida deja lugar a la acción del Espíritu Santo y constituye una prueba y una exigencia espiritual con vistas a una gracia más grande.
        En los dos casos, las desapariciones en el tiempo pascual y las de después, tras la ascensión, la gracia más grande afecta al deseo de los discípulos. Este deseo aumenta considerablemente. Pero los efectos de esta gracia son también la purificación (santificación) de ese deseo, los cambios de planes y la rendición espiritual (abandono en manos de Dios).
        Jean de Ford llama a estas desapariciones bruscas del Resucitado “brasas hirientes”, porque ellas ofrecen el fuego del impulso de ternura que unía a los discípulos con Jesús en la tierra. Pero este deseo que tienen de él es aún carnal, en el sentido de un deseo afectivo centrado sobre ellos y limitado a la vida de aquí abajo. Ellos entienden esta experiencia como el deseo de ver a Jesús  en su existencia aquí, en la tierra. “Esas brasas les inflamaban de un ardor de amor nuevo y más santo”, porque cada vez que venía, Él venía como nuevo, como si le reconociesen por primera vez. Es necesario que ellos pasen del sabor carnal de su comunión con Jesús a las “nuevas delicias de una bondad espiritual venida de Cristo.” El acento sobre esta novedad habla con simplicidad de la profundidad del deseo en este paso a otro plano de la realidad.
        La encarnación será absolutamente necesaria para que Su luz sea tamizada, la inteligencia de los discípulos pueda reconocer el misterio de Cristo. Pero faltará la Ascensión para que su deseo afectivo, su impulso hacia Cristo, no se centre en ellos mismos, en su necesidad, sino que, purificado, les haga capaces de seguir a Jesús en su pascua hacia el Padre.
        Y he aquí el acento de Jean de Ford : él quiere precisar que para crecer, profundizar en la fe, el deseo de Cristo debe pasar de una tonalidad sentimental y antropológica a un fervor deliberadamente espiritual. Al deseo de retener a Jesús le debe suceder el deseo de dejarse llevar por Él hacia la vida verdadera. Aquellos que vivan profundamente este deseo recibirán una parte del mismo espíritu de Dios.

“EL DON DE UNA PRESENCIA”
Frère Pierre-Yves et frère FranÇois de Taizé.






La resurrección de Cristo despierta el deseo de seguirle, ya no es un deseo en si del espíritu si no un deseo amoroso de estar en Cristo Jesús, la Resurrección es un hecho tangible del poder divino de Cristo, quizás por desgracia fue el elemento que necesitaba los discipulos de Cristo para creer, o bien como Tomás cuando toca las llagas, y entonces creyó.... La ascensión produce el deseo en el corazón de poder estar con El y en El, ¿sin resurrección se hubiera producido este deseo? ¿este amor? no lo creo, es interesante ver comola muerte de Cristo produjo ese deseo carnal de volver con El a verlo, estar junto a El...La resurreccion es ya la contemplación unica de Cristo como Hijo de Dios y ese deseo carnal se convierte en un deseo de espiritu. de amor interior que penetra en el corazon del individuo y lo convierte en carne de su carne , Cristo es bajo mi interpretacion la esposa que se une al hombre eternamente por el poder de la Resurreccion... ya no hay tiempo ni espacio si no eternidad....I.R.

jueves, 22 de mayo de 2014

LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA (thomas merton)

La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama. Acepta el amor de Dios en fe, en desafío a toda evidencia aparente. Ésta es una condición necesaria, y muy paradójica, para la experiencia mística de la realidad de la presencia de Dios y de su amor para con nosotros. Sólo cuando somos capaces de «dejar que salgan» todas las cosas de nuestro interior, todos los deseos de ver, saber, gustar y experimentar la presencia de Dios, entonces es cuando realmente nos hacemos capaces de experimentar la presencia con una convicción y una realidad abrumadoras, que revolucionan toda nuestra vida interior.


La contemplación es esencialmente una escucha en el silencio, una expectación. Y también, en cierto sentido, debemos empezar a escuchar a Dios cuando hemos terminado de escuchar. ¿Cuál es la explicación de esta paradoja? Quizá que hay una clase de escucha más elevada, que no es una atención a la longitud de cierta onda, una receptividad para cierto mensaje, sino un vacío que espera realizar la plenitud del mensaje de Dios dentro de su aparente vacío. En otras palabras, el verdadero contemplativo no es el que prepara su mente para un mensaje particular, que él quiere o espera escuchar, sino el que permanece vacío porque sabe que nunca puede esperar o anticipar la palabra que transformará su oscuridad en luz. Ni siquiera llega a anticipar una clase especial de transformación. No pide la luz en vez de la oscuridad. Espera la Palabra de Dios en silencio, y cuando es "respondido", no es tanto por una palabra que brota del silencio. Es por su silencio mismo cuando de repente, inexplicablemente revelándose a él como la palabra de máximo poder, llena de la voz de Dios.

 El que sigue los caminos ordinarios de la oración, sin prejuicio alguno y sin complicaciones, será capaz de disponerse mucho mejor para recibir su vocación a la oración contemplativa a su debido tiempo, dando por sabido que le llegará su momento.

El camino de la contemplación no es, de hecho, camino alguno. Cristo es el único camino, y él es invisible. El "desierto" de la contemplación es sencillamente una metáfora para explicar el estado de vacío que experimentamos cuando hemos abandonado todos los caminos, nos hemos olvidado de nosotros mismos y hemos tomado a Cristo invisible como nuestro camino. Como dice san Juan de la Cruz:
Y así grandemente se estorba un alma para venir a este alto estado de unión con Dios, cuando se ase a algún entender, o sentir, o imaginar, o parecer, o voluntad, o modo suyo, o cualquiera otra obra o cosa propia, no sabiéndose desasir y desnudar de todo ello... Por tanto, en este camino, el entrar en camino es dejar su camino; o por mejor decir, es pasar al término y dejar su modo, es entrar en lo que no tiene modo, que es Dios. Porque el alma que a este estado llega, ya no tiene modos, ni maneras, ni menos se ase ni puede asir a ellos... aunque en sí encierra todos los modos, al modo del que no tiene nada, que lo tiene todo


jueves, 20 de marzo de 2014

EL DESIERTO, EL TIEMPO Y LA TRAVESÍA

En el desierto no existe el tiempo.
Basta sumergirse en el espacio inhóspito de las angustias y los desencantos, de las incertidumbres y del dolor de lo improbable para comprobarlo...
Porque sólo uno sabe quién es uno aunque los pedazos de sus días rotos se claven en el alma como las espinas de sólo Dios sabe qué corona en qué piel...
O caminas solo o con Él, tú decides...
Si es solo te aseguro que no te faltarán días, saliva y rencor para lamer tus heridas...
Si es con Él, abre tus brazos a la brisa del crepúsculo con forma de cruz y sacrifica tu destino para reposar a su lado, junto a su huella...
En una mano, el amor; en la otra, el rosario de Rosario. Felicidades entonces.
Como dice mi hermano:"Dios es bueno...".


Y así.
Sé que la travesía es dura, muy dura, especialmente cuando sientes que el amor auténtico y profundo es el que no tiene respuesta... El que se diluye en las ondas maravillosas de tu mensaje...
En el desierto de hoy, en el horizonte circular de mi mirada, no dejo de buscarte...
Y te pido ayuda para aceptar a quienes aman con la devoción fanática e intolerante que arrastra con todo lo que no son ellos...
No entienden que en el aproximarse a Ti no hay distancias...
Sí eso eso es amor, si su Padrenuestro es el mío, haz que me purifique, por favor...
Por eso, cuando estoy a tu lado, es cuando no me pregunto qué hago aquí... O qué es esto...
El sencillo hecho de sentirme tu hermano hace que se esfumen todos, absolutamente todos, los tonos oscuros del color de las presencias...







Porque todo camino de piedras es un desierto que quema y un aridez que escuece, solo cuando dejo las piedras en el camino y planto una semilla puede emerger el sentimiento de ser lo que quiero ser o sentir que soy...y ese sentimiento es El que me llama y me traslada a mi quietud, olvidando la quema, el escozor y las llagas de mi propio desierto...+
ISABEL REZMO.

sábado, 1 de febrero de 2014

Sobre la vida activa y la vida contemplativa

 

 

El hombre, cuerpo y alma, esta llamado a seguir un doble camino: el de la acción y el de la contemplación.

El camino activo comprende: el ayuno, la abstinencia, las vigilias, las genuflexiones, la oración:  “Es estrecha la puerta, y angosta la vía que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran” (Mt 7, 14)

La vida contemplativa consiste en la elevación del espíritu hacia Dios, la atención interior, la oración pura y, a través de estos ejercicios, la contemplación de las cosas espirituales.

El que aspira a la vida contemplativa ha de comenzar por la vida activa… porque es imposible llegar a la vida contemplativa sin pasar antes por la activa.

La vida activa sirve para purificarnos de nuestra pasiones pecaminosas… ya que sólo los que ha sido purificados pueden introducirse en la via contemplativa… San Gregorio el Teólogo dice: “La contemplación sólo está exenta de peligro para los perfectamente experimentados”.

Es preciso entrar en la vida contemplativa con temor y respeto, con un corazón humilde y contrito, después de haber consultado largamente las Sagradas Escrituras y, preferiblemente, bajo la dirección de un director espiritual -staretz- experimentado, y no temerariamente y con una voluntad caprichosa.

Si has abandonado la propia voluntad en una cosa, pero te la has guardado en otra, esto quiere decir que también te la has guardado allí donde creías que la habías abandonado.

Es necesario no abandonar la vida activa, incluso tras haber pasado, a través de ella, a la contemplativa, ya que es una aportación para la vida contemplativa y la ayuda para su elevación.

Sant Serafía de Sarov.
Instrucciones Espirituales.
Irina Gorainoff. Publicacions de l´Abadía de Montserrat. 1987. Pag. 181-182. (Traduccción del catalán por la Fraternidad).

sábado, 21 de diciembre de 2013

EL SILENCIO COMO FACILITADOR DE LA UNIÓN CON EL OTRO."


SEGUNDA PARTE "EL SILENCIO COMO FACILITADOR DE LA UNIÓN CON EL OTRO."

"Y te crea las condiciones necesarias para entender o intentar entender el mundo q nos rodea, intentar asimilar sus ruidos, desde nuestro propio silencio interno,
la paz q eso supone y el equilibrio que nos proporciona es inmenso."


Comienzo como termine. Silenciarnos a veces te permite ver y comprender la realidad. Pero también no comprenderla, o no aceptarla. Entonces que hacer: ¿silenciarse apartándote del mundo? a veces siento esta necesidad. Estoy decepcionada de lo que me rodea aun cuando en ella hago las cosas que me hacen feliz y que lleven a ayudar a los otros. De eso no hay duda, la duda es si mi silencio se debe a la incomodidad que
siento frente a lo q me rodea. No estoy a gusto y eso me lleva a silenciarme, apartarme. No se si eso es lo que se refiere Merton y lo que refieres en tu trabajo, porq si la contemplación es ver en nosotros a Dios y verlo en los otros, ¿Cómo puedo caminar buscando a Dios en los otros si veo lo que veo y oigo lo que oigo y eso me lleva apartarme? Apartarme de lo malo, de lo incongruente, de lo que duele ¿no se encuentra a Dios en todas las cosas? esta es la duda que tengo. O quizás es apartar de mi de lo que me daña e intentar ver el mundo a través de lo bueno, pero quitar o apartar lo malo es como sesgar la propia realidad.

 
 
 
 
Aquí lo dejas muy claro:
Esto es, por tanto, lo que significa buscar a Dios perfectamente: alejarme de la ilusión y el placer, de las ansiedades y los deseos mundanos, de las obras que Dios no quiere, de una gloria que es únicamente ostentación humana; "mantener mi mente libre de confusión a fin de que mi libertad pueda estar siempre a disposición de Su voluntad; guardar silencio en mi corazón y escuchar la voz de Dios; cultivar una libertad intelectual de las imágenes de las cosas creadas a fin de recibir el secreto contacto de Dios en un amor oscuro; amar a todos los seres humanos como a mí mismo; descansar en humildad y encontrar paz retirándome del conflicto y la competición con otras personas; apartarme de la controversia y desechar las pesadas cargas del juicio, la censura y la crítica, y arrojar todo el peso de las opiniones que no estoy obligado a lleva; tener una voluntad siempre dispuesta a recogerse en sí misma y sacar todas las potencias del alma de su centro más profundo para reposar en silenciosa espera de la venida de Dios, sereno, en una concentración tranquila y sin esfuerzos en el punto de mi dependencia de Él; reunir todo lo que soy, y tener todo lo que posiblemente puedo sufrir, hacer o ser, y abandonarlo todo a Dios en la conformidad de un amor perfecto, de una fe ciega y de una confianza absoluta en Dios, para hacer Su voluntad."
JULIO 2013
 
 
 
 

domingo, 8 de diciembre de 2013

PRIMERA PARTE "EL SILENCIO EN LA CONFIGURACIÓN DE LA VERDADERA INDENTIDAD."




PRIMERA PARTE "EL SILENCIO EN LA CONFIGURACIÓN DE LA VERDADERA INDENTIDAD."
Si ser uno mismo, es construirnos en base a nosotros aceptando el plan que Dios tiene para nosotros, aceptando nuestra forma de ser, identidad......Siempre intentamos ser como los demás quieren q seamos, pero olvidamos que debemos ser en función de lo que somos, y de lo que El quiere. Este convencimiento tiene que partir de la propia contemplación. Hasta entonces podremos movernos en función de lo q nuestro falso ego quiera, desee :
 
Merton afirma que nuestra vocación no consiste simplemente en ser,
sino en trabajar junto con Dios en la creación de nuestra vida,
nuestra identidad, nuestro destino. Somos seres libres e hijos de Dios.
Esto significa que no debemos existir pasivamente, sino participar activamente en Su libertad creadora, en nuestra vida y en la vida de los otros, eligiendo la verdad.

"Dios nos deja libres para ser lo que queramos.
Podemos ser nosotros mismos o no, según deseemos.
Somos libres para ser reales o irreales"

Nos quedamos en el SOMOS, en nuestra vida sin participar mucho o
nada en la vida de los demás. Eso es
lo q percibo. Y Dios no quiere eso, quiere seres
autenticos, definidos, audaces, capaces de transformarse y
de transformar lo que nos rodea.
Solo con la libertad que Dios nos otorga al nacer podemos aceptar
este camino.
Siempre he sentido que Dios me tiene en una misión,
que tengo un papel en este mundo, al igual q todas las personas, y
cuanto mas me he resistido a no seguir sus planes es
cuando peor me he sentido, cuando he aceptado lo que quiere y
desea siento mayor paz en mi.

"Nosotros no conocemos con claridad de antemano cuál será el resultado de este trabajo. El secreto de mi plena identidad está escondido en Dios. Sólo él puede hacer de mí la persona que yo soy, o más bien la que seré cuando al fin comience a ser plenamente."17


"Como ya dijimos más arriba el secreto de nuestra identidad está escondido en el amor y la misericordia de Dios, sólo Él nos la puede comunicar. Nadie la consigue jamás por sí solo. Sólo Dios puede enseñarme a encontrar a Dios. La única manera de poder ser nosotros mismos es identificarnos con Aquel en quien está escondida la plenitud de nuestra existencia. Merton lo afirma cuando dice: "Si encuentro a Dios, me encontraré a mí mismo y, si encuentro mi verdadero yo, encontraré a Dios." 19

A partir de aquí enfocas la necesidad del silencio como mediador en el hombre, como instrumento de paz, de armonía, y de llegar a construir nuestro yo y la manera de contemplar a Dios.
Antes no entendía el significado del silencio, no sabia como experimentarlo o como llegar a el. Ahora al menos lo intento.
Creo, que empiezo a comprender lo que Merton quiere exponer, y lo dejas muy bien explicado, el silencio es silenciarse de nuestros demonios, nuestros ruidos, nuestros deseos.....no escuchar nada de fuera solo nosotros y a Dios. Escuchar en nuestro interior es comprender, es llegar a asumir, a buscar y a dialogar entre nosotros, y entre nosotros y Dios. Y te crea las condiciones necesarias para entender o intentar entender el mundo q nos rodea, intentar asimilar sus ruidos, desde nuestro propio silencio interno,
la paz q eso supone y el equilibrio que nos proporciona es inmenso.
 
 


Si nuestra vida se encuentra desperdiciada con palabras inútiles, nunca oiremos nada en las profundidades del corazón, en donde Cristo vive y habla en el silencio. La gran tentación del hombre de hoy es confundir el estrépito con la vida, el aturdirse los oídos con palabras sin sentido, no descubriendo nunca que el corazón tiene su raíz en el silencio, que no es la muerte, sino la vida. (julio 2013).
 
Sor + Isabel Rezmo (Isabel María Pérez Moreno)
Dama del Temple.

sábado, 9 de noviembre de 2013

LA LLAMA DE AMOR VIVA

  
Toda una declaración del amor como vehículo para llegar no solo a Dios, si no al alma humana, la perfeccion en el hombre está en su capacidad de dar amor..solo el amor alcanza el extasis que hablaba Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

 Los que creemos en Dios entendemos estos versos como pura contemplación del ser divino en el espiritu humano, para los q no crean es sencillamente intentar humanizar al ser humano, volver sus ojos al interior y dotar de amor y ternura a nuestro espíritu.

  De hecho los versos sanjuanistas son utilizados por muchas doctrinas y no solo cristiana...la espiritualidad de San Juan es el hombre llega a Dios o a un estado superior de contemplacion desde dentro a fuera ver, sentir, vivir, tocar y llenarse.

En esta sociedad q no tiene valores solo materialistas...estos versos supone un reclamo a volver a nosotros...el alma tiene que encontrarse con Dios en un estado de desapego, de oclusión, de austeridad.  Alcanzar el extasis, la perfecta unión del alma con Dios....olvidar todo lo humano, el ego, la vulnerabilidad y llegar a ese estado de entendimiento y diálogo con el Creador, con el Amado,la llama que permanece viva....









 La dualidad carne-divinidad que el hombre porta en su ser intrínseco, referida por el apóstol cuando dice "ya no soy yo quien vive en mí..." Gál. 2,20 (entre otros), se refiere precisamente a la unidad de la mística divina, con la debilidad de la carne del hombre. Esta dualidad fue expresamente consolidada en Cristo. Cristo demostró ser un contemplativo, aunque no necesariamente tenía que hacerlo puesto que habría tenido que contemplarse a sí mismo en el Padre. Lo hacía en el monte de los olivos y lo hizo en el monte de la transfiguración de un modo más claro. Permitió a la hermana de Lázaro el contemplarle, mientras la otra se afanaba en la acción. Esta dualidad contemplación-acción es la que nos lleva a la más profunda iluminación. Contemplar no es teorizar, sino armonizar nuestro espíritu con el de Dios, permitir que su energía se haga manifiesta en nosotros y es un perfecto alimento para que el cuerpo pueda realizar la acción por sus hermanos, de una manera más solicita y efectiva. Mediante la contemplación es bendecido e instruido todo lo que hagamos y nos ayuda a elevar la acción hacia la cúspide de la obra divina. Debemos cuidar con nuestras manos a nuestros hermanos que necesitan, pero también debemos insuflar en nuestro corazón constantemente la energía de Dios para que de ese modo no seamos susceptibles de dispersar la atención en las cosas del ego y de la tierra. Es por esto, que ambas deberían ir unidad. Muchos consideran que la contemplación es más importante que la acción pues se tiene claro que en el siguiente siglo no habrá pobres sino sólo el infinito e inefable resplandor de la luz divina; pero tomando en cuenta que los hermanos en la carne que tenemos son también hermanos en el alma, e hijos de Dios -o como mínimo parte de Su creación- estamos obligados también a cuidarles; cuando esa obligación se transforma y pule a la luz de la contemplación y se transforma en una prolongación del amor que sentimos hacia Dios, reflejado hacia el hermano; entonces ya estamos caminando:


Cuando hablamos de unión del alma con Dios, no hablamos de esta unión sustancial que siempre está hecha, sino de la unión y transformación por amor del alma con Dios, que no está siempre hecha, sino sólo cuando viene a haber semejanza de amor. Y por tanto, esta se llamará unión de semejanza... la cual es cuando las dos voluntades, conviene a saber, la del alma y la de Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una cosa que repugne a la   otra.
Renacer en el Espíritu Santo en esta vida es tener un alma semejante a Dios en pureza, sin tener en sí alguna mezcla de imperfección ; y así se puede hacer pura transformación por participación de unión, aunque no esencialmente.
Subida  al monte Carmelo San Juan de la Cruz





San juan de la Cruz cree en el amor como vehículo de contemplación de Dios, del alma,
Y solo nosotros estamos llamados a comprender y a vivificar esa llama de amor viva dejándonos en manos de El y aceptando su voluntad como vínculo de sacrificio y de compromiso desde nuestra Fe.
Su cántico es una espiritualidad que traspasa el cuerpo, una vida interior que es proclamada en un verso  para que todos podamos santificar y vivir una vida espiritual plena para el hombre y por el hombre.....Todo esta en torno al Amado (Dios) que busca su esposa( Iglesia) y el Esposo (Cristo) la unión de los 3 da lugar a la deseada contemplación y el extasis .....

 Aportaciones de:

Sor +Isabel María Perez Moreno
Dama del Temple
Frey + Joel Germani Hidalgo
Caballero del Temple